Punto de quiebre
Hace unas semanas un conocido me dijo "oye, quieres acompañarme a comprar ropa al palacio del jean". El palacio del Jean es el lugar que todo gordo debe conocer, tiene camisetas muy bonitas y pantalones en tallas que no te imaginas que existen. Estuve a punto de decirle que sí y ahí me di cuenta del problema.
No sé cuánto peso en la actualidad, pero debo estar por las 400 libras. Se me dificulta subir al segundo piso de mi casa y ya ni siquiera me veo el pito cuando orino, pero creo que he vivido en una especie de ilusión donde según yo no pasa nada, pero sí pasa!
Disfruto mucho la comida, siempre digo que la gastronomía es una experiencia. No me considero foodie, pero amo comer, probar texturas, sabores y toda esa terminología que aprendí en la primera temporada de master chef. Hace poco luego de una comida riquísima empecé a sentir cierta incomodidad en el hígado. No era dolor, solo era un tipo de molestia que no encuentro cómo describir.
Pensé que eran gases, hasta que la incomodidad se repitió luego de cada comida, todos los días. Me da mucha pereza ir al doctor y hacerme exámenes (siempre dicen que la pereza es la madre de todos los vicios, pero no te dicen que adicionalmente es la mejor amiga de todos los gordos).
Entonces dije "broder, esto tiene que parar ya". Sorprendentemente no siempre fui así, en mi época más atlética llegué a pesar 200 libras, midiendo 1.85 e incluso era tri atleta. Conocidos me dicen que tal vez sufro de ansiedad o padezco de depresión, yo solo creo que soy un gordo vago.
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